Historia

La primera vez que en mi imaginación apareció un grupo de percusión dirigido íntegramente con señas específicas diseñadas para referirse al ritmo, lo hizo inspirado por modelos que había vivenciado en mis diversos viajes.

Esos modelos fueron para mi los que conocí en diversos viajes de juventud, entre los años 1985 y 2005: los ensayos de blocos afro en Salvador de Bahía, los ensayos de las escolas do samba en Río de Janeiro, preparándose para el carnaval, los grupos de música de Isawa en Marruecos, en sus diversas ceremonias de bodas o circuncisiones, las comparsas preparándose para la llamada en Montevideo, y el conocimiento de los certámenes de Gamelan en Bali o de Steel Pan en Trinidad.

En todos esos modelos la percusión era un motivo de encuentro y de celebración, que pasaba por encima de las diferencias sociales y económicas. La percusión permitía vivenciar la corporeidad de la comunidad a un nivel mas alto, en el cual todos, con nuestras diferencias, somos parte de un organismo que nos incluye, ese al que llamamos comunidad.

Si bien hacer música improvisada y dirigida con señas parece una aproximación opuesta a la de mis modelos (que tienen como base a tradiciones sedimentadas y profundas), esa fue la imagen que vino a mi mente en una tarde del verano de 2005. La respuesta a una pregunta que me había acompañado durante muchos años: Cómo se podría generar en Buenos Aires un contexto similar al de esos modelos en los que toda la comunidad se siente unida por sus propios ritmos de percusión tradicionales? En los noventa, los ritmos tradicionales de Buenos Aires, como el tango o la murga, parecían, haber perdido representatividad, y las fiestas populares que supieron ser, pese a sus valiosos cultores, se encontraban casi extintas o adormiladas.

La improvisación con señas nació entonces como una manera de contribuir a nuestra propia forma de carnaval de percusión. Una manera de que afloren nuestras influencias musicales de un modo nuevo, a través de la improvisación, y para que podamos reunirnos como comunidad, a celebrar mediante un juego en equipo, nuestras similitudes y nuestras diferencias, esas similitudes y diferencias que caracterizan genuinamente -sin estereotipos ni clichés- a la cultura de mi ciudad, Buenos Aires.

Así esas imágenes me acompañaron en el proceso de selección de los músicos para el primer grupo, La Bomba de Tiempo, que debía a su vez poder servir de modelo para otros. Me acompañaron y me acompañan actualmente como una guía, en cada decisión posterior, como lo fue la elección del lugar para los ensayos y presentaciones del grupo. Esos modelos también me guiaron en la conformación de la primer escuela en que se enseñó el lenguaje de Ritmo con Señas, que como las reglas de un juego en equipo, podría servir para que mas adelante hubiera otros grupos parecidos pero diferentes, compartiendo el mismo juego. Luego fueron surgiendo otros grupos, otras escuelas, y actualmente miles de músicos y amateurs utilizan estas señas, este juego, para expresarse, hacer música, y para sentirse grupo, sentirse tribu, y finalmente, sentirse una comunidad que contiene a diversas tribus.

Para celebrar y honrar esas similitudes y diferencias, en los carnavales de casi todas las tradiciones que fueron  modelo para la Percusión con Señas, los diferentes barrios, escuelas o tribus celebran certámenes y concursos, casi siempre en la forma de una competencia, en los que se reconocen mutuamente, se alientan a mejorar, se imitan y se diferencian, afirmando su identidad a la vez que se confirman mutuamente como parte de una familia mayor. Así valorizan sus hallazgos y logros musicales y culturales, y también se valorizan los logros de las otras escuelas o grupos. Fortalecen a la vez su vínculo fraterno, y también su expresión propia y diferenciada.

Con este espíritu es que la Asociación de Ritmo y Percusión con Señas (ARPS) está organizando el primer Campeonato Argentino de Percusión con Señas.

Santiago Vazquez